“Súper estrategas”
Son
muchas las estratagemas que los supermercados usan para inducir al
comprador a adquirir más productos. Seguidamente 9 de las más típicas,
que seguramente habrás comprobado en tu súper habitual.
1. La música, su mejor aliada
Entras al supermercado y, de pronto, escuchas una música suave,
agradable. No sabes por qué, pero te han entrado ganas de gastar. Está
comprobado que la música clásica hace que compremos más. De hecho,
algunos experimentos realizados han conseguido probar que si pones
música típica de Francia en la zona de vinos, se venden muchas más
botellas de este país.
No sólo en esto es crucial la música, también marcan nuestro ritmo
de compra. Por ejemplo, cuando hay muchos clientes en el supermercado
la música es más rápida y activa. Sin embargo, cuando el establecimiento
está más bien vacío, las melodías que lo llenan son mucho más pausadas y
tranquilas.
2. Más espacio, más artículos
Disfrutando de la música te acerca a coger un carro de la compra. ¡Vaya! ¿Soy yo o estos carros han crecido?
El hecho es que desde los años 30 – cuando se empezaron a usar- el
tamaño de esta herramienta de compra ha aumentado bastante. ¿Por qué?
Coincidirás con que hacer la compra y salir del súper con un carrito
casi vacío es bastante deprimente. A los compradores nos gusta sentir
que hemos hecho un buen trabajo y cuanto más lleno el carro, mayor es la satisfacción que sentimos.
Por
lo tanto, si el carro es muy grande y buscamos sentirnos “realizados”
tras la compra: querremos verlo bien lleno, aunque sea el doble de
grande y, finalmente, de caro.
3. ¿Dónde están las cosas?
Avanzas
por el pasillo escuchando la música que han puesto para ti y empujando
ese carro inmenso que te has agenciado. Todo va bien hasta que te das
cuenta de que no encuentras la leche por ningún lado. ¿Sabes por qué? En
los supermercados prefieren poner los productos imprescindibles bien al fondo,
de esta manera consiguen que pasees por toda la tienda, fijándote en
otros productos y aumentando las probabilidades de que los compres,
aunque no sean tu objetivo principal.
No
obstante, tu “drama” aún no ha terminado: ¿dónde han puesto ese
producto del que ha me había aprendido la localización? En los
supermercados cambian los artículos de sitio cada cierto tiempo,
de esta forma, igual que buscando los artículos imprescindibles,
empiezas una excursión en busca de tu artículo fijándote en productos
que no te interesaban, pero algunos de los cuales acabarán, seguramente,
en tu carro.
4. ¡Mira aquí y aquí!
Sigues por el pasillo
con el carrito lleno de objetos prescindibles que has comprado en tu
búsqueda de los imprescindibles. Curiosamente, en las estanterías a la
altura de tus ojos hay muchos más artículos caros o golosos. En estos
establecimientos procuran situar aquellos productos que quieren vender
más a la altura de tu cabeza, de esta forma seguro que te fijas más. Y
¡ojo! Si vas con un niño, también habrán calculado unos productos para
él y los habrán puesto ajustándose a su medida.
Avanzas un poco más y te encuentras que tu carrito y el de otro cliente están a punto de chocar: no pueden pasar a la vez por el pasillo. ¿Qué haces? Te detienes
y cuando estás parado aumentan las posibilidades de que mires las
estanterías y algún artículo te tiente, sobre todo si está a la altura
de tus ojos. ¿Sabes quién más te va a hacer detenerte? Esas chicas y
chicos tan simpáticos que te ofrecen probar productos.
Cuando ya has saboreado el maravilloso nuevo artículo, paseas un poco más buscando algo que necesitas. De pronto, ¡horror! ¡El carro no deja de torcerse!
Hay quien dice que si los carritos de la compra no están en sus mejores
condiciones, es porque al supermercado le interesa que vayas más lento
haciendo tu compra y que de vez en cuando, en algún choque, pasees la
mirada, de nuevo, por las tentadoras estanterías.
5. Si no es cifra redonda, parece más barato
Te
detienes frente a un producto interesante y te fijas en su precio. En
general, los compradores solemos fijarnos en el primer número, pero
obviamos los decimales, los céntimos. Es por eso que 15 € nos parece un
precio alto y 14,99€ una oferta. Será un truco viejo, pero aún hoy sigue
funcionando.
6. Gangas, ofertas, ¿buen precio!?
Aceleras con tu carrito, has visto algo. ¡Mira un artículo con una etiqueta roja y un cartel rojo! ¡Oferta! No tiene por qué. El color rojo
suele situarse en el exterior del supermercado, en la zona de
estacionamiento, por ejemplo, asociado a las “gangas”. Sin embargo, en
muchas ocasiones nos encontramos que la etiqueta roja, una vez dentro
del súper, no siempre significa un buen precio, pero eso sí, consigue
llamar nuestra atención.
Al final no has caído en la trampa del rojo, pero ¡qué ven tus ojos! ¡Un contenedor con productos! ¡Seguro que rebajados! Seguramente lo estén, pero eso no significa que se trata de un buen precio.
Los supermercados aprovechan nuestros conocimiento de comprador que
asocia desorden y amontonamiento con rebajas para vendernos artículos a
precios que en realidad no son tan ventajosos para nosotros.
7. ¡Qué bonito y agradable es todo!
Ahora
que te fijas, entre la música, los colores vivos y este tono de las
paredes, estás empezando a sentirte bien. Lo han buscado. En los
supermercados pintan sus paredes de colores cálidos, por ejemplo el naranja, dando sensación de intimidad y haciendo acogedor su establecimiento, consiguiendo que compres un poquito más.
De hecho, también cuidan mucho el aspecto del entorno donde se encuentran sus productos más caros. ¿Cómo? Situándolos en estanterías de madera,
usando una iluminación y unos tonos sobrios, que les dan un “look” nada
parecido al de los artículos baratos y rebajados, dando a entender que
se trata de productos de categoría.
8. Hm… ¡Qué hambre!
Desde
que has entrado tienes una sensación de hambre recurrente, ¿por qué?
Has pasado varias veces por delante de la zona de la pastelería y de la
panadería, ya que estaban situadas en lugares muy estudiados para que
las olieras frecuentemente en tu estancia en el súper. El efecto que
buscado se ha conseguido: si compras con hambre, compras más.
9. Antes de que te marches…
Vacías tu carro y dejas los productos en la cinta, pero, de pronto, te fijas en algo: ¡Delicias! Chicles, caramelos, chocolatinas… Artículos baratos y golosos que hacen más entretenida tu espera ante la caja, mientras otro cliente paga, y que pueden endulzar tu regreso a casa.
Fuente: www.supercurioso.com